Análisis

Crujidos previsionales argentinos

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Lic. Alejandro Trape :

En Argentina el sistema previsional es público y de reparto. La recaudación por aportes ingresa a las arcas fiscales y de allí salen también los pagos de jubilaciones. Nada exige que ambos flujos sean de la misma magnitud. Esto significa que el resultado de las cuentas previsionales (aportes menos jubilaciones) puede ser positivo u negativo y forma parte del resultado final de las cuentas publicas. En 2018 el resultado fiscal primario del sector público nacional no financiero cerró en -2,4% del PIB (o sea, déficit, aún luego del fuerte ajuste ocurrido durante el año). El resultado de las cuentas previsionales es -3% del PIB (o sea también déficit). Significa esto que, sacando cuentas «gruesas», si le quitamos el resultado previsional el resultado fiscal pasaría a ser un superávit de 0,6% del PIB.

En Economía no existe ningún bien o servicio que sea gratis. Es así en tanto se hayan involucrado recursos de algún tipo para obtenerlo (materiales, humanos, tiempo) , ya que en tal caso la comunidad habrá dejado de lado otras producciones y habrá empleado esos recursos para conseguirlo. 

En los sistemas previsionales de un país, ya sean cerrados o abiertos, para que alguien cobre un haber jubilatorio, alguien debe realizar aportes, el dinero no se genera espontáneamente. Y si en algún momento escuchamos que el sistema «está quebrado» o «está desfinanciado», debemos comprender que eso quiere decir que no hay equilibrio entre aportantes y jubilados, y que si eso pasa, para que los jubilados puedan cobrar con seguridad alguien lo estará financiando desde afuera. Si no ingresa dinero desde afuera del sistema, no habrá magia y deberán ajustarse los aportes hacia arriba o las jubilaciones hacia abajo (o ambas cosas) para recuperar el equilibrio. Desconocer esto lleva a graves errores de apreciación y voluntarismo respecto del presente y el futuro de estos sistemas en donde a todos nos gustaría recibir lo más posible aportando lo menos posible. 

Vayamos al caso del sistema previsional público argentino, que funciona como un sistema abierto en el cual la magia, aunque los políticos quieran demostrar lo contrario, no funciona. El sistema hoy es deficitario cuando consideramos aportantes y jubilados (ver dato al comienzo). Por supuesto, alguien lo financia desde afuera, de otra manera pagar las (magras) jubilaciones no sería posible. El desfasaje entre cantidad de jubilados y de aportantes es manifiesto. Pero eso no es todo: la dinámica poblacional argentina es aún más complicada y lleva a pensar que esa situación se agravará en el futuro, porque la pirámide poblacional está cambiando y la población está «envejeciendo».
La pirámide poblacional argentina, distinguiendo hombres de mujeres, ha experimentado cambios de importancia en los últimos años y se prevé que esta dinámica continúe. Esta tendencia, si bien no es ajena a lo que sucede a nivel mundial, presenta algunas particularidades, considerando además que el país ya se encuentra transitando desde el grupo de “naciones jóvenes” (promedio de edad 20-29 años) al de “naciones maduras” (promedio de edad 30-39 años). Si se observa la evolución de largo plazo es muy claro el proceso de envejecimiento poblacional ocurrido y proyectado, con un marcado incremento del peso de la población mayor de 65 años (que de acuerdo al actual sistema previsional, estaría en su mayoría jubilada).

Esto nos dice que si hoy el sistema necesita auxilio (3% del PIB), mañana necesitará mas. Hay que ir pensando de dónde saldrán los fondos en un país que va en busca del equilibrio fiscal, o ir pensando es ajustar otras variables estructurales del sistema: edad jubilatoria, años de aporte, monto de las jubilaciones o monto de los aportes (o combinaciones de todos ellos). Es interesante complementar esta información con datos relativos a los sexos, para tomar conciencia de otros cambios que también están (y seguirán) ocurriendo:

Pueden entonces observarse en Argentina tres tendencias superpuestas:
1. En primer lugar el envejecimiento, que se aprecia con el “alargamiento hacia arriba” de las edades.

2. En segundo lugar el cambio en la forma de la pirámide, achicándose en la base (cambio en la estructura jóvenes/adultos).

3. Finalmente el cambio en el comportamiento de ambos sexos, con mayor preponderancia de las mujeres mayores de 65 años.

El impacto de esta evolución proyectada sobre el sistema previsional y sus posibilidades de sustentabilidad financiera es claro y directo. Habida cuenta de que los adultos mayores cada vez representan una porción mayor, en particular en el caso de las mujeres, resulta imperativo hacia el futuro promover cambios en las variables que pueden modificarse. La candidata más clara, aunque no exenta de incorrección política y de seguros reclamos de los afectados, es la edad de jubilación de ambos sexos.
Si esto no se hace (y no se hace pronto) el sistema derivará hacia una situación de desfinanciamiento mayor, salvo que se produjese un importante (e improbable por la resistencia que genera de cara al voluntarismo antes mencionado) reajuste en la relación monetaria aportes-jubilaciones, aumentándola.  Con seguridad este creciente desfasaje ameritará encontrar fuentes alternativas para solventarlo, provenientes “desde afuera” del sistema, tales como endeudamiento, emisión de dinero o captura de porciones de algunos impuestos de rentas generales, con lo cual los criterios de justicia antes aludidos cobrarán una importancia crucial en la discusión, que puede ser interminable (como lo son las discusiones urgentes e importantes en nuestro país). 

Sin embargo, este tipo de financiamiento “externo” resulta a la larga anómalo y poco recomendable si es de gran envergadura, pues sus fluctuaciones y negociación política complican el funcionamiento del sistema y lo dejan en manos de los funcionarios de turno, llevándolo a compartir la agenda con otras (numerosas) urgencias de gasto de nuestro país, en donde a menudo ha quedado postergado, desdibujado, politizado y finalmente relegado.

Pero algo es muy claro. Se discuta o no, se politice o no, en tanto se vaya dilatando su resolución de fondo, alguien seguirá pagando. Si no son los activos con mayores aportes, alargamiento de edades o mayor cantidad de años de aportes o los jubilados con menores jubilaciones, será la comunidad toda con sus impuestos o con mayor deuda o inflación. No habrá magia. No la ha habido hasta ahora. Que la clase política no nos convenzan de lo contrario.

Fuente: http:// http://aletrape.blogspot.com