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El agua de “rehén”

Más allá de las idas y vueltas legislativas que tuvo la modificación de la Ley 7722 -hoy vigente- y después de escuchar todas las voces, observando como los mendocinos fuimos desandando el camino del “Gran Debate” sobre si Mendoza está o no en condiciones de avanzar en la actividad minera seriamente, nos queda la sensación que en el abordaje de los temas importantes que la provincia necesita para su desarrollo, sistemáticamente tomamos al agua como “rehén” en nuestros discursos.

No somos honestos cuando por ejemplo, seguimos consumiendo más de 600 litros de agua por día -casi 3 veces más de lo que sugiere la Organización Mundial de la Salud (OMS) que nos aconseja 250 litros por persona y por día), o cuando contaminamos nuestros cauces, acequias o hijuelas, arrojando botellas, pañales, plásticos, o cuando nuestros empresarios no invierten en el tratamiento de efluentes que arrojan sus empresas a los cauces. Un dato: más del 60% de nuestras industrias, hoy no tratan sus efluentes y siguen funcionando cerca de nuestros hogares.

Condenar o censurar actividades económicas licitas, cuando como ciudadanos no asumimos con responsabilidad el cuidado, tratamiento y eficiencia de nuestro principal recurso vital -y que hoy es escaso-, es al menos preocupante.

Pero decidimos una vez más tomar al AGUA de rehén en nuestros discursos. Y en esta oportunidad, para argumentar el miedo y la desconfianza que nos causa a toda la comunidad las decisiones de la dirigencia política nacional y provincial. Porque no les creemos. Hoy ese miedo y esa desconfianza están presente otra vez. Y cuando esto pasa, es tierra fértil para los eslóganes del fundamentalismo más extremista que atrasa en el tiempo y también de alguna dirigencia política irresponsable. Crecen y siembran confusión, manipulan y juegan con nuestras emociones. Nuestra comunidad merece más que eso.

Con 20 mil almas en la explanada de la Casa de Gobierno en el B° Cívico, los mendocinos demostramos que hoy más que nunca estamos atentos a las decisiones de la clase política dirigente. Pero debemos ser consecuentes con el crecimiento y el desarrollo de Mendoza. No proscribamos movidos por pasiones a actividades económicas -que hoy es la minería, pero mañana podría ser algún cultivo o actividad no tradicional- y que pueden aportar estratégicamente a un crecimiento y desarrollo interesante para Mendoza.

Es el momento de debatir con seriedad, muy informados y con honestidad intelectual, pero despojados de pasiones, frases hechas y fundamentalismos que no conducen al desarrollo de la provincia. Estemos muy atentos, pero dejemos que hablen los expertos y especialistas que en Mendoza tenemos muchos y los mejores. Seamos capaces y demostremos con madurez que nos podemos dar la oportunidad como sociedad de debatir y consensuar los grandes temas para el desarrollo de la provincia.