Editorial

Frente a una «oportunidad histórica»

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Después de las horas de euforia oficial y de algún “histeriqueo” electoral de la oposición, finalmente quedó sellado el acuerdo entre los bloques de Mercosur y UE.

Y la verdad que a los ojos y al análisis de los especialistas, es una muy buena noticia y sobre todo una “oportunidad”. Nos solo económica-comercial, sino también política. Es la primera vez en muchos años que Argentina tiene una “oportunidad” de cambiar su economía, de cambiar su esquema productivo y tener un proyecto económico comercial a largo plazo positivo. Y decíamos también una oportunidad “política” porque la clase dirigente del país tiene en sus manos -y a partir del debate serio- la chance de alcanzar política de estado en estos temas. Está en condiciones de mostrarle al mundo que es capaz de diseñar un lineamiento de estado que trascienda los gobiernos. El Mercosur fue una política de Estado y salió relativamente bien hasta que el modelo se agotó, el mundo cambió, y ahora hay que rever algunas de sus particularidades para adaptarnos a esos cambios.

Ahora empieza una etapa de 2 años de ponerle la lupa a la letra chica y a las negociaciones y aprobaciones parlamentarias, que no solo van a corresponder al próximo presidente, sino a un nuevo Congreso que deberá estar a la altura de las circunstancias porque aquí lo que se define es el futuro económico de un país.

Ahora bien, así como es una buena “oportunidad histórica” también es un peligro. Porque si NO estamos a la altura y la profesionalidad que se merecen estos temas, todas las decisiones que se tomen van a ser un suicidio para toda la industria y los sectores productivos de Argentina.

Si pensamos la economía del país de acá a 5 años con el mismo cuadro y la composición de hoy, vayamosno olvidando de Acuerdos comerciales o TLC. Si para dentro de un quinquenio no tenemos inflación de 1 digito, tasas de interés de nivel internacional, un crecimiento como país mas o menos solido y constante y por lo menos 20% menos de impuestos a los sectores de la industria, cualquier intento de acuerdo, va terminar fracasando.

Por eso, debemos seguir muy de cerca cada una de las negociaciones y con responsabilidad. No compremos el triunfalismo del gobierno del último fin de semana, ni los argumentos oportunistas y con olor electoral de la oposición.

Esta es una apuesta a no más de 10 o 15 años. Con un plan de acción para que estos temas se conviertan en “oportunidad”. Pero es un “plan de acción” de todos involucrados. Si la clase política no hace su ajuste y no bajamos el gasto público como para poder reducir los impuestos productivos en un 20%, si no eliminamos retenciones, si no eliminamos ingresos brutos, si no modificamos el impuestos a los sellos, si no bajas el impuesto al cheque, cualquier esfuerzo es absolutamente inútil.

Hoy más que nunca y de manera urgente, en los temas estructurales y estratégicos como los acuerdos internacionales, los sectores de la producción y toda la industria nacional, necesitan consolidar ámbitos de articulación pública y privada, con participación abierta y argumentaciones técnicas y no fogonear debates apresurados sin profesionalidad y manchados de intereses sectoriales.