Análisis

Mujeres trabajadoras, las más castigadas de la pandemia

Un informe del Centro de Investigación Social de Mendoza (CISME) y el CONICET, revela que además de la pérdida total o parcial de los ingresos en los hogares mendocinos como consecuencia de la situación sanitaria, las desigualdades de género se han visto más acentuadas durante el aislamiento social.

Las mujeres trabajadoras constituyen uno de los sectores más golpeado por los efectos económicos y sociales de esta pandemia. Según el relevamiento del impacto social de la pandemia del COVID-19, en Mendoza, las principales dificultades para el acatamiento que tuvieron las medidas de aislamiento tienen que ver con la dimensión material y económica. Los problemas están vinculados a la pérdida parcial o total de ingresos, sobre todo en los hogares de menores recursos y en las mujeres que han tenido que abandonar las actividades laborales para cumplir con tareas de cuidado y demás responsabilidades domésticas.

En los momentos de mayor crecimiento económico del país, aún con generación de empleo e inclusión social, la brecha salarial entre varones y mujeres aumentó en favor de los primeros (Ministerio de Trabajo y Producción, 1995-2019), lo cual indica que la apropiación (distribución) del producto social tiene como determinantes fundamentales la posición y las condiciones de los agentes en el proceso productivo.

«Es oportuno y urgente incorporar a la agenda pública debates más estructurales y a largo plazo sobre las desigualdades sociales y promover políticas públicas que complementen el reconocimiento de las mujeres en el plano cultural y político con el económico»

Composición de los hogares

El tipo de hogar es una de las características que puede dar cuenta de las condiciones de vida de los mismos. Sobre la realidad del hogar se anuda el mundo del trabajo y los ingresos. En Mendoza, el 40% de los hogares está a cargo de mujeres, según las proyecciones de población del INDEC son aproximadamente 228.000 hogares en el año 2020.
Si bien predomina el modelo de familia nuclear tradicional con jefatura masculina, aparecen en escena los hogares monoparentales (un solo cónyugue, madre o padre, con hijos) de los cuales el 84,5% tiene jefatura femenina (alrededor de 57.000 hogares) y los unipersonales (un solo miembro), de los cuales el 61,4% tiene jefatura femenina, 52.000 mujeres aprox., (DEIE, ECV 2018).

El mundo del trabajo para las mujeres

Para analizar el mercado de trabajo de un país, a priori, se construye una división entre la población económicamente activa (PEA) y la inactiva. Este segundo grupo pertenece al mundo del trabajo no remunerado que contiene, entre otros, a las mujeres que permanecen en el hogar y hacen las tareas domésticas sin percibir remuneración (Neffa, 2014).

El trabajo remunerado

Dentro de la PEA, en el mundo del trabajo remunerado, según datos de la EPH-INDEC, la desigualdad entre varones y mujeres se manifiesta en las tasas de actividad, empleo, desocupación, subocupación y precarización, siempre a favor de los varones. En el 4to trimestre de 2019, la desocupación en Argentina llegó al 8,9% mientras que en el Gran Mendoza las mujeres alcanzaron una desocupación del 10,8% y los varones del 4,3%, siendo las mujeres jóvenes (hasta 29 años) las más desocupadas (15,9%). Si comparamos con el mismo periodo de 2018, las mujeres tenían 7,4% de desocupación y los varones un 4,7%. Seguramente puedan encontrarse explicaciones más complejas, pero queda claro que las mujeres son las más perjudicadas en el comportamiento del mercado de trabajo. Sumado a esto, tienen mayor nivel de precarización laboral que los varones, 41,8% y 35,2%, respectivamente.

El trabajo no remunerado (doméstico y tareas de cuidado)

Según la CEPAL (2020), en crisis de esta naturaleza, con medidas de aislamiento y cierre de escuelas la desigualdad de género aumentará (incluida la violencia de género), pues aumenta la sobrecarga de las tareas domésticas en las mujeres que de antemano estaban afectadas por la brecha salarial, peores ingresos y condiciones laborales que los varones. A esto hay que agregar, como vimos, que la salud, la educación y los servicios sociales son ámbitos altamente feminizados, entonces la
carga se duplica sobre ellas.
En Mendoza, según la ECV (2018), alrededor del 90% de las tareas domésticas y de cuidado (lavado y planchado de ropa, cocina de alimentos, limpieza, compras y trámites, cuidado de niños/as) son realizadas por mujeres, sin importar si se trata de zonas urbanas o rurales; la única excepción está en las tareas vinculadas a la reparación de artefactos y mantenimiento de la vivienda que son realizadas principalmente por varones.

En este sentido, un estudio realizado por UNICEF (2020), indica que el apoyo para realizar los deberes escolares es principalmente realizado por las madres (68%), solo un 16% es de padres que se hacen cargo de las tareas escolares y otro 16% de los hogares destacó la participación de ambos. Cabe señalar que en los hogares de menores ingresos el apoyo para la realización de las tareas escolares recae aún más en las madres (76%) mientras que la presencia de los padres en esta función disminuye (10%).

Empleo Privado Registrado

Tasa de Feminidad
Según el Ministerio de Trabajo y Producción (2018), en Argentina, dentro de la masa de trabajadores registrados del sector privado, cada 3 mujeres hay 7 varones. La tasa de feminización llegó al 33% del total de trabajadores, esto significa un crecimiento del 5% desde 1995.
Observado por sector, hay una primacía de mujeres en el ámbito de los servicios sociales, salud y enseñanza y donde más ha crecido la presencia de mujeres es en hotelería, restaurantes, servicios financieros e inmobiliarios y comercio.

Por fuera del empleo privado registrado, según el Registro de Unidades de la Economía Social y Solidaria (Gobierno de Mendoza), en la provincia, el 69% de los proyectos de economía social y solidaria están impulsados exclusivamente por mujeres.

Brecha Salarial

La brecha salarial mide la desigualdad de salarios entre varones y mujeres. Considerando todos los sectores del empleo privado registrado en Argentina, en promedio, la brecha es de 29% a favor de los varones. La diferencia a favor de las mujeres solo se observa en el sector, altamente feminizado, de enseñanza (-1,4%, cuando la brecha es negativa significa una diferencia a favor de las mujeres).

Además de la brecha salarial, existen otras dimensiones de la desigualdad entre varones y mujeres manifestadas en el mundo del trabajo. La primera es el “techo de cristal”, se llama así a una serie de barreras “invisibles” que impiden que las mujeres asciendan a puestos jerárquicos y de decisión en empresas, organismos públicos, sindicatos, etc. La segunda es “el piso pegajoso” en el que viven las mujeres y que les impide despegar, desvincularse de las tareas domésticas y de cuidado. En el
mundo del trabajo doméstico podemos encontrar muchos factores que inciden en esta realidad, posiblemente como su núcleo explicativo, más adelante indagaremos sobre eso.

Distribución de los Ingresos

Si bien el salario ocupa un lugar principal en los ingresos de las personas, sobre todo en trabajadores, no es el único. La Encuesta Permanente de Hogares, incluye todas las fuentes de ingresos, tanto laborales como no laborales. En el 4to trimestre de 2019, en Argentina, en los estratos de menores ingresos hay más cantidad de mujeres que de varones: en el 40% más pobre de la población total, la cantidad de mujeres supera el 60%, mientras que en el 40% más rico la
relación se invierte y el 60% son varones.

«En Mendoza, según la DEIE, en base a la Encuesta de Condiciones de Vida (2018), nos indica que la brecha de género en ingresos ronda el 24% a favor de los varones. La diferencia es mayor en zonas urbanas (25,3%) que rurales (23%)»

CONCLUSIÓN

Dentro de cualquier arista del análisis expuesto se puede observar que la mujer siempre está en posición de desventaja respecto del varón, el mundo del trabajo no es la excepción, más aún, en este contexto crítico las desigualdades tienen una intensidad insoslayable. Sobresalen las dificultades que enfrenta la mujer para conseguir un trabajo decente en condiciones laborales y salariales dignas. Si a esto le sumamos la situación del aislamiento social obligatorio, que hizo adaptar el trabajo a la casa, se hace difícil desvincular el mundo del trabajo remunerado de las tareas domésticas y de cuidado.

El panorama es más crítico si se considera que la enseñanza, la salud y las tareas del hogar son actividades altamente feminizadas, lo que duplica el esfuerzo de las mujeres pero no sus ingresos salariales, es decir, se trabaja más por igual o peor remuneración.
En estas condiciones, es necesario observar que los formatos tradicionales de familia (es oportuno considerar aquellos, asociados a la clasificación de la identidad de género, que escapan a la binariedad varón/mujer) van cambiando y los hogares unipersonales y monoparentales con jefatura femenina son cada vez más, realidad que provoca atención sobre las condiciones económicas de esos hogares donde en muchos casos la mujer es el único sostén de la familia.

Por último, y en línea con lo anterior, vale la pena rescatar la gran cantidad de mujeres que están al frente de organizaciones comunitarias como merenderos, comedores y de emprendimientos de la economía popular de Mendoza, donde también son mayoría. Es de suma urgencia la problematización de este asunto en la agenda pública mendocina, razones sobran.