Análisis

Trabajadoras de la salud: Entre la emergencia sanitaria y la brecha de género

Un nuevo estudio elaborado por tres agencias de Naciones Unidas (Organización Internacional del Trabajo (OIT), ONU Mujeres y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA)), asegura que la crisis de la COVID-19 intensificó las desigualdades y déficits de trabajo decente que afectan a las mujeres y, en especial, a quienes actúan en la primera línea de la atención sanitaria y social. En Argentina 1 de cada 10 mujeres ocupadas se desempeña en el sector de la salud, que concentra a más de 760.000 trabajadoras. Se trata de un sector altamente feminizado, conformado en un 70% por mujeres, con una alta exposición al contagio y considerables costos físicos y emocionales.

En esa línea, la pandemia profundizó asimetrías y brechas de género históricas de este sector, como la informalidad –que alcanza al 20,4% de las mujeres frente al 14,7% de los varones– y la brecha salarial. Las trabajadoras no registradas poseen nula o muy baja cobertura en derechos como la protección por accidente o enfermedad profesional, obra social y licencia por enfermedad, entre otros, que ofrecen una protección crucial en el actual contexto de pandemia. Al mismo tiempo, un 48% de las trabajadoras de la salud son jefas de hogar, lo cual multiplica su carga de tareas de cuidado.

En Argentina hay cerca de 760.000 trabajadoras de la salud. Representan el 70% del empleo en el sector y el 9,8 por ciento de las mujeres ocupadas. En comparación, el sector de la salud emplea solo al 3,6% de los varones ocupados.

La mayoría de las trabajadoras de la salud tienen entre 35 y 44 años. Si bien la presencia de mujeres en el sector es mayoritaria para todas las franjas etarias, aumenta para los grupos de edad más avanzados. Esto se debe a que en estos grupos de edad se sitúan predominantemente profesionales de ocupaciones como auxiliares o actividades de cuidado de personas, donde la sobre representación de las mujeres es todavía mayor.

El sector se caracteriza por contar con una fuerza de trabajo que presenta niveles educativos considerablemente superiores a la media, característica que también se observa en el caso de las mujeres ocupadas en el sector. De hecho, el 62% de las trabajadoras de la salud cuenta con estudios superiores (terciarios, universitarios o posgrado), mientras que este porcentaje se reduce a menos del 30% en el caso del resto de trabajadoras.

Una proporción muy alta de las trabajadoras de la salud son jefas de hogar (el 48%, frente al 41% en el caso del resto de trabajadoras) y el 53,8% tiene a cargo menores de 18 años, de las cuales el 28,7 % tiene hijas o hijos menores de 5 años.

Esta situación
refleja la doble carga de cuidado que enfrentan las trabajadoras de la salud, quienes combinan su trabajo remunerado en tareas de cuidado con el cuidado no remunerado en sus hogares, muchas veces monomarentales y con presencia de niñas y niños. Concretamente, las trabajadoras de la salud realizan casi una hora más por día de trabajo doméstico no remunerado en comparación con sus colegas varones. Si bien la brecha es inferior a lo que se observa para el resto de actividades laborales, resulta significativa si tenemos en cuenta las largas jornadas de trabajo que caracterizan al sector.

El hecho de que un porcentaje tan alto de trabajadoras esté económicamente a cargo de un hogar con presencia de niñas y niños introduce una vulnerabilidad adicional que no siempre está acompañada de altos ingresos. Si bien las trabajadoras de la salud presentan ingresos promedios superiores al resto de trabajadoras asalariadas, más de la mitad de las trabajadoras de la salud (53,9%) vive en hogares con ingresos mensuales inferiores a los ARS $30.000. Si se tienen en cuenta estos bajos ingresos y las cargas horarias que se detallan más adelante, muchas trabajadoras de la salud deben acudir a sus redes familiares para el cuidado de sus niñas y niños.

Condiciones laborales de las trabajadoras de la salud en Argentina

En Argentina, las mujeres son mayoría en prácticamente todas las ocupaciones del sector de la salud. La segmentación dentro del sector que se observa en el caso de las mujeres no es percibida para los varones, siendo su estructura ocupacional considerablemente más homogénea. La gran mayoría de ellos se dedica a ocupaciones profesionales (médicos, por ejemplo) o son jefes de servicio. De este modo, el volumen y porcentaje de mujeres es mayor en ocupaciones como enfermería, obstetricia y profesiones de gestión, así como en los servicios de limpieza y gastronomía.

Esta composición también explicaría el mayor porcentaje relativo de trabajadoras asalariadas (83,5%) en comparación con sus colegas varones (77,5%). De hecho, aquellas profesiones del sector de la salud que se pueden realizar como cuenta-propistas son normalmente las vinculadas a ocupaciones profesionales (medicina o psicología, por ejemplo).

Existen importantes diferencias en las condiciones de trabajo entre las distintas ocupaciones que se traducen, a su vez, en importantes desigualdades de género si tenemos en cuenta la representación disímil de mujeres y varones en cada una de las profesiones del sector salud. Por ejemplo, los salarios de las trabajadoras de la salud se sitúan significativamente por debajo de los percibidos por los varones del sector. Mientras ellas se sitúan en su mayoría en el percentil 25, considerando la distribución de ingresos laborales mensuales del país, los varones se encuentran mayoritariamente en la mitad de la distribución. Además, las mayores brechas se ubican en los niveles de calificación más altos, dando muestra de una mayor presencia de varones en las estructuras jerárquicas asociadas a mejores remuneraciones. La segmentación dentro del sector también se traduce en que el 20,4% de las trabajadoras son informales, mientras que solo el 14,7% de los varones ocupados en el sector tienen empleos informales.

Esta mayor informalidad implica un menor acceso a mecanismos de protección esenciales en el actual contexto de pandemia. Concretamente, las trabajadoras de la salud no registradas presentan muy baja cobertura en derechos como la protección por accidente o enfermedad profesional (11,3%), obra social (25,7%) y licencia por enfermedad (22,8%). El acceso a estos derechos es considerablemente menor que en el caso de los varones no registrados. Por ejemplo, en el acceso a la cobertura por ART o seguro de accidente, la brecha entre mujeres y varones no registrados alcanza los 26%.

En lo referente a las condiciones de trabajo, existe una serie de particularidades que provocan que las trabajadoras de la salud estén más expuestas al riesgo de infección, al estrés y a otros riesgos laborales que se pueden exacerbar en el actual contexto de crisis sanitaria.
Por ejemplo, las trabajadoras de la salud destinan en promedio más tiempo que el resto de las trabajadoras en traslado de sus casas al trabajo. Utilizan el transporte público un porcentaje superior en 10 puntos porcentuales al de trabajadoras de otros sectores, y presentan mayor probabilidad de viajar en malas condiciones. Los tiempos y las condiciones de los viajes tienen especial importancia, pues se trata de una instancia en la que las personas enfrentan posibles riesgos de contagio de coronavirus.

Uno de los principales peligros que acecha al personal sanitario durante esta pandemia es el fuerte aumento de la carga de trabajo y la realización de jornadas con un excesivo número de horas trabajadas. En este sentido, es importante tener en cuenta que, si bien las trabajadoras de la salud realizan más horas extras que sus colegas varones (una brecha superior a los 10 puntos porcentuales), la diferencia en la remuneración de estas horas no es tan amplia. Esta brecha en las horas de trabajo se observa también cuando se considera
el número de horas totales, es decir la suma del empleo principal y el resto de ocupaciones.

Por otro lado, ante el posible riesgo de contagio que enfrenta el personal sanitario en la actual pandemia, es importante tener en cuenta que, incluso en condiciones normales, las trabajadoras de la salud están más expuestas a agentes que pueden estar infectados. En 2018, por ejemplo, el 55% de las trabajadoras declaraba manipular o estar en contacto con materiales o personas con posibilidades de estar infectadas al menos algunas veces, mientras que este porcentaje bajaba al 47% en el caso de los varones del sector. Esta diferencia se explica por la mayor presencia de mujeres en aquellas ocupaciones del sector sanitario que están en primera línea de atención como, por ejemplo, enfermeras, auxiliares de enfermería, técnicas, asistentes o gerontológicas.
A pesar de esta mayor exposición al riesgo de infección, solo el 40,2% de las trabajadoras de la salud dispone de los elementos de protección personal necesarios para la realización de su trabajo, mientras que en el caso de los varones ese porcentaje sube al 57,1%. En virtud de la información del año 2018 mencionada más arriba, surge el interrogante sobre si se mantiene esta tendencia en el actual contexto de confrontación de la pandemia, con el consecuente impacto negativo que podría tener en las mujeres del sector. Una brecha que se estima desprotege al personal de menor jerarquía dentro del sector sanitario.

Por último, otro aspecto de las condiciones de trabajo del sector a tener en cuenta es la mayor prevalencia de episodios de violencia y acoso laboral. Por las características de la actividad que realiza, todo el personal sanitario está mayormente expuesto a situaciones de agresión o acoso –especialmente por parte de pacientes o clientes–, en comparación con el resto de actividades. Este fenómeno observado en Argentina es común a la mayoría de los países, donde el personal sanitario registra los niveles de violencia más elevados.
Por ejemplo, en la Unión Europea el sector de la salud ocupó el lugar más alto en materia de exposición a la violencia y el acoso (OIT, 2019). En Argentina, el riesgo dentro del sector es significativamente mayor en las mujeres que en los varones. En este contexto de pandemia, las trabajadoras de la salud están expuestas a múltiples formas de violencia (por ejemplo, acoso moral, hostigamiento y/o maltrato psicológico, entre otras). Esta se produce en los lugares de trabajo y en la vía pública, pero también en sus hogares, como consecuencia de la estigmatización y reacciones poco solidarias ante el temor a sufrir un contagio por parte de la vecindad (ONU Mujeres, 2020).

Mientras esta pandemia dure, las trabajadoras de la salud en Argentina seguirán siendo responsables del cuidado de la salud de la sociedad, con respecto a la prevención y atención de la COVID-19, así como al resto de las patologías y atención primaria. Su salud, seguridad y estabilidad económica tienen que ser protegidas y garantizadas como parte de los esfuerzos imprescindibles para asegurar el bienestar de toda la población durante la pandemia de la COVID-19. (Responsables del Informe: Sol East (UNFPA), Tim Laurence (ONU Mujeres) y Elva López Mourelo (OIT Argentina). Informe Completo: http://ilo.msgfocus.com/c/17OzVj9ibQsYdCAohdmrdIN70